Erase una vez, alrededor del año 2000, en un país ni muy grande ni muy pequeño, ni muy pobre ni muy rico, donde vivían aproximadamente cuarenta millones de enanitos
Los enanitos llevaban una vida bastante tranquila, a pesar de que, el jefe de lo enanitos, un enanito bigotudo y que siempre estaba con cara de mal humor, no les dejaba hacer todo lo que querían; por ejemplo, no permitía que se formasen parejas de enanitos con enanitos ni de enanitas con enanitas, sin embargo, no le importaba que los enanitos se pusiesen enfermitos fumando, ni que se hiciesen daño corriendo mucho con sus cochecitos; además, siempre estaba a favor de que el país participase en guerras, estuviese o no la guerra acordada con los países amigos.
Como las empresas de los amiguitos del enanito bigotudo tenían poco trabajo y hacían poco negocio, el enanito jefe tuvo la gran idea de hacer una ley para que se pudiese construir en los terrenos que pertenecían a los ayuntamientos, de ésa forma, los ayuntamientos tendrían más dinero, sus amiguitos podrían edificar casitas y ser mucho más ricos, las casitas serían vendidas a los enanitos, y los enanitos que no tuviesen dinero, no se tenían que preocupar, los bancos de los amigos del enanito bigotudo tenían instrucciones de darles el dinero para comprar las casitas, y con los intereses, ser mucho más ricos
La idea funcionó y los amiguitos del enanito jefe se enriquecieron, los ayuntamientos tenían más dinero, los enanitos tenían casitas nuevecitas y muchos enanitos de otros países fueron a trabajar al país para ayudar a construir casitas.
Pero llegó un día que los bancos dejaron de dar créditos a los enanitos, ya que, por su exceso de ambición, se lo jugaron en negocios de mucho riesgo; al no tener crédito, los enanitos no pudieron comprar más casitas, al no venderse casitas, se dejaron de construir, al dejarse de construir, muchos enanitos se quedaron sin trabajo, al quedarse sin trabajo no pudieron devolver los créditos. Lo mismo ocurrió con los ayuntamientos y los gobiernos del país que empezaron a recaudar menos dinero y empezaron a recortar los servicios a los enanitos
Finalmente, los pobres enanitos que habían sido invitados y seducidos para tener sus casitas nuevas, tuvieron que abandonarlas, quedándose sin lugar donde vivir, con muchos problemas para tener un médico si se ponían malitos, sin escuelas para los enanitos más jovencitos.
Pero a pesar del estrepitoso fracaso de la idea del enanito bigotudo, algunos salieron ganando, sus amiguitos eran mucho, mucho, mucho más ricos pero no querían utilizar su dinero para ayudar a los enanitos sin casa, sin educación, sin sanidad y sin trabajo
Para acabar de cerrar el negocio, el enanito bigotudo, que tenía amiguitos muy influyentes y muy ricos, hicieron correr el rumor de que toda la culpa era del nuevo jefe de los enanitos, que era tan malo, tan malo, tan malo, que disfrutaba teniendo a los enanitos sin trabajo y les recortaba los servicios
De esta fábula podemos sacar la conclusión de que:
¡NO SIEMPRE ES CULPABLE EL QUE PARECE!
¡MAS VALE VIVIR TRANQUILO EN UNA CASA MODESTA QUE INTRANQUILO EN LA CALLE Y CON DEUDAS!
¡LOS ÚNICOS BANCOS FIABLES SON LOS DEL PARQUE!
¡NUNCA DEBES FIARTE DE LOS ENANITOS CON BIGOTE

1 comentario:
No está mal la fábula, aunque, los enanitos, como suele ocurrir, eran bastante ingenuos, bueno, digamos que tirando a tontorrones....
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